El pensamiento de González Prada (2)

2. La naturaleza y el hombre.

Acerca de la naturaleza, González Prada manifiesta una convicción en determinismo mecánico, fruto de sus creencias en el positivismo. Este determinismo sostiene que todos los fenómenos naturales están entrelazados por conexiones causales inmutables. Todo pues, estaría vinculado. Esto incluye tanto a los seres inertes e inorgánicos, como a los seres animados y al propio hombre.

“Nosotros, siguiendo la hilación (hic) entre causa y efecto, podemos deducir lo que sucederá mañana en el orden humano, como si se tratara de un eclipse o de una marea… Como la sustancia es una, la ley es también una y rige tanto lo que ustedes llaman el orden moral como lo que nombran el mundo físico” (El tonel de Diógenes, pág 71. El subrayado es mío).

Podemos afirmar, en base a lo anterior, que “la legalidad de la naturaleza tiene pues vigencia también en la historia” (Salazar Bondy, pág 14). Para González Prada, la historia tiene leyes regulares. La historia de la humanidad está determinada. Todas las culturas humanas:

“obedecen a un determinismo tan inflexible como la germinación de una semilla o la cristalización de una sal; de modo que si los sociólogos hubieran llegado a enunciar leyes semejantes a las formuladas por los astrónomos, ya podríamos anunciar las revoluciones como indicamos la fecha de un eclipse o de un plenilunio” (Anarquía, Editorial P.T.C.M, Lima, 1948, pág 81).

Pero, a pesar de creer en un determinismo mecanicista, González Prada si considera que la historia tiene una variable más en juego: la voluntad. Siguiendo a Friedrich Engels, considera que la voluntad tiene un protagonismo fundamental en el proceso de transformación social. Sin embargo, no hay que olvidar que es solamente un factor causal más. Unidad legal, pero con cambio y proceso. El mecanicismo y el evolucionismo confluyen en esta posición determinista.

Al entrara en estas problemáticas, podemos empezar a ver las paradojas y los limites que el positivismo trae. Y es que, el supuesto mero “atenerse a lo que se nos da en la observación”, para sólo ocuparnos del “como” de los fenómenos, es abandonado para determinar la esencial de la naturaleza.

González Prada sale del ámbito fenoménico para hablar en términos metafísicos. Parece que hay, en su pensamiento, elementos entrelazados de metafísica materialista con tesis energetistas y vitalistas (Salazar Bondy, pág 15). Lo que postula González Prada como el fondo de lo real, es una esencia metafísica, una unidad donde se resuelven todas las diferencias y disparidades que los observadores tienen. Es un claro monismo ontológico.

“Nada expresan las diferencias escolásticas y sutiles de alma y cuerpo: no hay más que una sola sustancia; la misma en el mineral, en la planta, en el hombre, en los superhumanos” (El tonel de Diógenes, pág 63).

Sin embargo, Gonzalez Prada tiene un espíritu mucho más crítico que el del positivismo que profesa. Pregunta si es que teologizar no es la condición humana, así como considera que la negación categórica de la metafísica es hacer metafísica:

“Al salir de las demostraciones matemáticas o abandonar el experimento y la observación, se teologiza. Y ¿quién no suele teologizar? Los teólogos ya no hablan sólo latín sino inglés, francés o alemán. A veces Büchner y Haeckel dejan atrás a San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Negar la existencia de Dios y la inmortalidad del alma equivale a sostener la redención o la eucaristía. Cuando el materialista decide categóricamente:’sin cerebro ni fósforo no hay pensamiento’, se denuncia menos filósofo y más teólogo que el poeta cuando murmura: ‘en la tierra y en el cielo hay más cosas que las soñadas por nuestra filosofía‘” (Nuevas páginas libres, pág 84. El subrayado es mío).

Para concluir esta segunda entrega, podemos sostener que el pensamiento de González Prada parece reconocer una esfera trascendental del saber (Salazar Bondy, pág 16). Sin embargo, esta esfera no es el ámbito de la religión o de la teología. Este nuevo campo está abierto para la razón. Solamente la razón puede abordar lo incognoscible con hipótesis racionales. Aquí, el pensamiento de González Prada “llega a una posición coincidente en mucho con la metafísica hipotética y experimental, hacia la que derivó la filosofía positiva europea en su intento de asumir racionalmente los problemas de la trascendencia” (Salazar Bondy, pág 17).

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  1. El positivismo spenceriano no duró mucho tiempo, y el neo-positivismo se autodestruyó en el círculo de Viena. Si bien este autor intenta acercarse a la metafísica, se choca ante la realidad de la mf de su tiempo, condenada a morir por muchos filósofos, sólo le llega una pobre mf, en donde se mal entendió al ser, para terminar olvidándolo.

  2. Leer el problema a través de un filtro heideggeriano tampoco resulta muy explicativo que digamos, menos si tratamos de hacer justicia a la importancia neopositivista de las decisiones. El “olvido del ser” no nos aporta aquí mucho en tratar de entender el pensamiento peruano, difícilmente uno de los enclaves de la metafísica occidental anclada en el ser-a-la-mano, o lo que fuera.

    No es tampoco como que nuestra cultura peruana de hoy recuerde mucho al ser ni se nos manifieste por medio de algún otro filtro fenomenológico. Felizmente, por lo demás, pero ésas ya son cuestiones valorativas (¡y cuáles no, ja!).

  3. El problema es que nunca se ha entendido bien al ser, como diría Gilson: la crisis de la metafísica no es de ella, sino de los metafísicos que poco a poco la han ido condenando, dado que no entendieron bien al ser. Santo Tomás de Aquino da la mejor definición del ser, de la esencia y del acto de ser, por algo es uno de los más grandes metafísicos de la historia, y tan atacado por la modernidad y el neo-positivismo.

    La realidad peruana no ha olvidado al ser, porque nunca se le enseño, porque la sociedad de Perú, en sus representates, poco o nada ha sabido sobre el ser. Ahí la importancia de plantear una metafisica realista, hay que hacer un rescate a la metafísica.

  4. Claudio

    No hay que idolatrar a Gonzalez prada, fue un humano como nosotros puede haberse equivocado en sus sentencias…




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